No me gusta hacer fotos con el móvil aunque es cierto que es rápido y fácil, y sobre todo que te saca del apuro por una simple razón, lo llevamos siempre encima, ahí está, en el bolsillo…

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Eso está bien para cuando quieres hacer una foto a una etiqueta de un vino que te ha gustado, para recordarla y comprar unas botellas en internet al llegar a casa, o fotografiar un esquema que has dibujado con un bolígrafo en la servilleta de la cafetería para resolver el problema de como enganchar un soporte para la sombrilla en el carro de la playa…

Pero quizás, para los que nos gusta la foto de verdad, aquella en la que te paras, que necesitas dar una vuelta para ver e interpretar, para traducir a un estilo o a un modo de mirar, en ese caso el móvil se queda corto, no vale…

Por eso algunos aún llevamos una compacta siempre encima, una cámara que nos cubra ese hueco entre la portabilidad, la calidad y la inmediatez. Yo la he encontrado y viene siempre conmigo, lleva evolucionando a lo largo de distintos modelos, es mi todoterreno y disfruto con ella de todos esos momentos fugaces en los que me gusta parar, ver e interpretar luz…

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